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domingo, 26 de junio de 2011

DOS DISCOS DE LA SERIE BIOGRAFIAS DO FADO: ALFREDO MARCENEIRO Y CARLOS RAMOS


Por Antón García-Fernández

En el año 1997, el sello EMI-Valentim de Carvalho publicó, bajo el título general de Biografias do Fado, una serie de recopilaciones dedicadas a algunas de las más grandes figuras de la historia del fado. Supervisados por el guitarrista José Pracana y con detalladas notas a cargo de Daniel Gouveia, estos discos son un ejemplo primoroso de reedición de antiguas grabaciones fadistas, con una muy buena calidad de sonido y la siempre encomiable intención de servir como biografías sonoras de la carrera del artista en cuestión. Desgraciadamente, la serie se encuentra ya descatalogada en la actualidad y no es fácil encontrar los varios volúmenes que la componen. En la presente reseña comentaré dos de estos discos—los dedicados a Alfredo Marceneiro y a Carlos Ramos—y próximamente publicaré una segunda reseña en la que me ocuparé de los discos dedicados a Fernando Farinha y a Max. Son éstos los únicos cuatro compactos de la serie que poseo en estos momentos, pero además de éstos, fueron editados también otros volúmenes que recogen grabaciones de Hermínia Silva, Lucília do Carmo, Maria Teresa de Noronha, Carlos Guedes de Amorim, Vicente da Câmara y Tony de Matos que espero, si la fortuna me lo permite, conseguir en el futuro.


Alfredo Marceneiro

Ya he escrito una semblanza de la vida y obra de Alfredo Duarte Marceneiro, fadista legendario donde los haya, en este blog, que puede leerse en el siguiente enlace, y pese a que las reediciones de su música no son muy numerosas, el volumen dedicado a él dentro de la serie Biografias do Fado es una introducción perfecta a su legado discográfico. El CD se inicia con dos grabaciones poco conocidas: la primera de ellas, “Olhos fatais”, extraída de un disco de 78rpm grabado en la década de los años 30, nos presenta a Marceneiro en una época temprana de su carrera discográfica, pero gran parte de los elementos típicos de su estilo ya están presentes en ella, incluso su tendencia a recitar algunos de los versos finales de la letra antes de terminar entonando el último. La letra de la segunda, “Louco”, se debe al gran poeta Henrique Rêgo, y uno de sus cuartetos, el que dice “O lenço que me ofertaste / Tinha um coração no meio / Quando ao nosso amor faltaste / Eu fui-me ao lenço e rasguei-o” (1), serviría posteriormente como mote para el tema “O lenço”, que también se encuentra en esta recopilación.


El disco incluye también una interpretación a dúo con Fernanda Maria del clásico “Bairros de Lisboa”, con letra de Carlos Conde, que data de 1959, además de varios de los títulos que siempre estarán ligados a la voz de Marceneiro, como “Lembro-me de ti”, “A casa da Mariquinhas”, “A minha freguesia”, “Há festa na Mouraria” o el “Fado balada”, entre otros. Se echa de menos, eso sí, la pieza “O Marceneiro”, que incluye la famosa definición de este fadista como “marceneiro no fado e no ofício” (2), pero en su lugar hallamos un par de temas grabados en directo en 1972 en la casa de fado O Arreda, en Cascais. Alfredo Marceneiro era un artista que entendía el fado como una forma de expresión musical que adquiría su plena expresividad al ser interpretada ante el público, por lo cual estas grabaciones en vivo poseen una importancia capital para comprender el universo musical de este fadista, que a sus 81 años no había perdido ni un ápice de su frescura y emotividad.

A lo largo de las 18 grabaciones que conforman el disco, Marceneiro está acompañado por músicos de la talla de Francisco Carvalhinho, Ilídio dos Santos o José Pracana a la guitarra portuguesa, y Martinho d’Assunção, Orlando Silva o José Inácio a la viola, que embellecen con su elegante acompañamiento unas grabaciones de cabecera para todo amante del fado de calidad.


Carlos Ramos

Con su voz cálida y un tanto ronca que a veces parece hablar más que cantar y que invariablemente evoca una casa de fado a media luz, Carlos Ramos solía cantar acompañándose a sí mismo a la guitarra portuguesa. De hecho, inició su carrera como instrumentista y sólo se decidió a cantar posteriormente, dedicándose entonces más al fado-canção que al fado tradicional, si bien grabó con éxito algunos temas de corte más tradicional como “Saudade”, “Teus olhos são passarinhos” o “Senhora do monte”, todos ellos incluidos en esta excelente recopilación. La popularidad de Ramos coincidió con los primeros pasos de la television en Portugal, y su prematura muerte en 1969 puso fin a la carrera estelar de un hombre sencillo cuyo estilo intimista y muy personal le aseguró un lugar entre los más importantes fadistas de Lisboa.

Su preferencia por el fado menos tradicional, compuesto específicamente para un intérprete determinado y con menor libertad para la improvisación, es evidente en este volumen de Biografias do Fado. Sin embargo, la mayor parte de las piezas grabadas por Ramos se han convertido en clásicos del género: es el caso de “Não venhas tarde”, “O fado de ser fadista” o “Canto o fado”, esta última escrita por João Nobre para un espectáculo de revista a la portuguesa. El clásico “Vielas de Alfama”, tema por siempre ligado al fadista Max que contiene una hermosa letra a cargo de Artur Ribeiro, funciona a la perfección en el tratamiento intimista de Ramos, que en las acertadas palabras de Daniel Gouveia en las notas del CD, solía “hablar cantando o cantaba hablando”.


Esto se pone de manifiesto especialmente en esas dos verdaderas joyas, también de la prolífica pluma de Artur Ribeiro, que son “Adeus Mouraria” y “Maria da Graça” que, pese a no haber sido recibidas con demasiado entusiasmo cuando fueron editadas originalmente, merecen mayor atención de la que han obtenido. Este volumen de la serie Biografias do Fado, en el que brillan también las guitarras de Raúl Nery, Francisco Carvalhinho o Jaime Santos y las violas de Martinho d’Assunção o Santos Moreira, es, sin duda, el lugar perfecto para quienes deseen entrar en contacto con la obra de uno de los más grandes—y en ocasiones más infravalorados—fadistas de la historia.

Notas

(1) “El pañuelo que me regalaste / Tenía un corazón en el medio / Cuando a nuestro amor faltaste / Yo cogí el pañuelo y lo rasgué”.

(2) “Carpintero en el fado y de profesión”. Recordemos que “marceneiro” significa “carpintero” en portugués, y así, el nombre artístico de Alfredo Duarte hace referencia a la profesión que desempeñaba antes de decidir dedicarse por entero a su carrera como fadista.

Enlaces

Para más información sobre Alfredo Marceneiro, visitad el blog Alfredo Marceneiro é só fado, dirigido por Vítor Marceneiro, el nieto del fadista.

En el blog Fadocravo, confeccionado por mi amiga Ofélia Pereira, podéis encontrar más información sobre Carlos Ramos y escuchar su interpretación del fado “Oração à Nazaré”.

Vídeos

ALFREDO MARCENEIRO – “AMOR ZAGAL” (editado por party094712 en YouTube)



CARLOS RAMOS – “NÃO VENHAS TARDE” (editado por GalaicoBorges en YouTube)

sábado, 26 de diciembre de 2009

NOCHEBUENA FADISTA: HENRIQUE RÊGO, ALFREDO MARCENEIRO Y "O NATAL DO MOLEIRO"

Por Antón García-Fernández


Si bien el religioso es uno de los elementos tradicionalmente asociados con el fado—baste recordar los muchos poemas fadistas que mencionan celebraciones religiosas como procesiones o que hablan de santos o iglesias—, el caudal de composiciones relativas a las fiestas navideñas es comparativamente menor. En su blog Fadocravo, mi amiga lisboeta Ofélia Pereira ha publicado recientemente una serie de interesantes vídeos con fados de temática navideña muy aconsejables. Pero, sin duda, mi composición favorita para celebrar estas fiestas es "O Natal do Moleiro", grabado por el gran Alfredo Marceneiro, quien también compuso la nostálgica melodía que acompaña al tierno poema de Henrique Rêgo.

Podríamos considerar "O Natal do Moleiro" como un fado narrativo, pues su letra desarrolla una historia. En este caso, Rêgo describe tanto a los tres personajes como los breves hechos narrados simplemente a través de pinceladas, con una economía lingüística sorprendente. Las seis estrofas de que está compuesta la letra, sin embargo, están perfectamente estructuradas con objeto de ofrecer esta impresión de parquedad narrativa. La canción se inicia con cuatro versos que presentan la escena (una fría Nochebuena en un lugar perdido), seguidos de otros cuatro en los que se introduce al molinero y a su mujer. La "parca cena" que describe Rêgo nos recuerda la difícil situación económica de los personajes, al tiempo que nos remite indirectamente a la técnica narrativa que ya hemos descrito.

El poeta fadista Henrique Rêgo.

La tercera estrofa introduce al anciano, de cuya existencia sabemos primeramente a través de su voz, y a cuya descripción accedemos a través de los ojos del molinero que lo invita a entrar en el molino y a compartir su mesa. Es obvio que la moraleja del poema es lo más importante para su autor, pues está focalizada en las últimas tres estrofas, y puesta en boca tanto del molinero como del enigmático viejecito: Rêgo, pues, confiere a la piedad y al amor, dos temas típicamente navideños, mayor importancia que a la riqueza. Esos dos elementos son los que caracterizan al molinero y a su morada, y son los que propician la bendición final del anciano. Junto a estos temas, el poema transmite asimismo esa concepción fatalista de la vida tan común en el universo fadista, y la técnica narrativa utilizada por Rêgo, a base de rápidas pinceladas, suscita dudas acerca de la identidad del anciano, figura central de la letra. ¿Quién es en realidad ese "velhinho todo envolto em neve"? ¿Simplemente un personaje extraído de las capas más desfavorecidas de la sociedad? ¿O quizá más bien una figura divina? Una estrofa que Marceneiro decidió no incluir en la versión que grabó nos ofrece algunas pistas que nos pueden ayudar a descifrar esta incógnita (1), pero precisamente en esta indeterminación se encuentra la magia de la letra de Henrique Rêgo, que crea con "O Natal do Moleiro" uno de los fados más clásicos entre los interpretados por Alfredo Marceneiro. A continuación incluyo mi propia traducción al castellano de la letra de este excelente fado:

¡Qué Nochebuena más triste y agreste!
De nieve se amortajaba el camino
El viento silbaba desde el noreste
Por las rendijas de la puerta del molino.

Sentado a la vieja mesa (2) ya carcomida
En donde incidía la luz de una vela
El molinero de barba encanecida
Con su mujer comía la parca cena.

Cerca del molino se oyó de repente
Una voz, y el molinero al abrir la puerta
Vio a un viejecito todo envuelto en nieve
Doblado por el peso de una esperanza muerta.

—Entre, peregrino de la desgracia—
Dijo el molinero al pálido anciano.
—Aquí no hay dinero, pero por fortuna
Hay cariño, piedad y pan.

Venga a comer y a regalarse a la lumbre
Y a festejar el nacimiento del Niño Dios,
Pues la vida solamente se resume
En la esclavitud impuesta por el destino.

Y entonces el viejecito con voz sonora
Dijo, llevándose las manos al pecho:
—¡Bendito sea por siempre
Este molino elegido por Dios!


Con este post quiero desear a todos los lectores de este blog unas muy felices Navidades y todo lo mejor para el Año Nuevo. Y prometo que en este 2010 buscaré tiempo suficiente para publicar más artículos y actualizar esta página con mayor regularidad. Feliz Natal a todos!

Para escuchar "O Natal do Moleiro" en la voz de Alfredo Marceneiro en el blog Lisboa no Guinness, haced click en el siguiente enlace: Alfredo Marceneiro canta O Natal do Moleiro.



Notas

(1) Esta última estrofa, que constituye una especie de epílogo a la historia contada en el poema, aparece en el texto de "O Natal do Moleiro" publicado en el número del 27 de diciembre de 1937 de Guitarra de Portugal. Henrique Rêgo tituló el poema originalmente "A Benção de Deus" y esos cuatro versos a modo de epílogo que Marceneiro omite parecen sugerir que el anciano es una figura de índole metafísica. La estrofa en cuestión es la siguiente:

Amaneció, y un sol resplandeciente
Derritió toda la nieve del camino.
El viejo se retiró humildemente,
Una bendición cayó sobre el molino.


Agradezco a Ofélia Pereira el haberme facilitado amablemente una copia del texto del poema publicado en Guitarra de Portugal, que incluyo al final de este artículo.

(2) El vocablo portugués mó se traduce al castellano como muela de molino, es decir, el "disco de piedra que se hace girar rápidamente alrededor de un eje y sobre la solera, para moler lo que entre ambas piedras se interpone" (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española). Sin embargo, he decidido traducirlo aquí como mesa debido a que ésa es la función que tiene la muela en el momento que describe el poema: el molinero y su mujer la están utilizando como mesa para cenar.

jueves, 11 de junio de 2009

ALFREDO MARCENEIRO

Por Antón García-Fernández.



No podía iniciar Guitarras de Lisboa sin homenajear al que, sin duda, es mi fadista favorito: Alfredo Duarte, conocido como Marceneiro debido a su profesión de ebanista que durante años conjugó con su devoción por el fado. Marceneiro no es únicamente una leyenda del fado, sino que es una figura imprescindible al analizar la evolución del género durante el siglo XX, así como para poder comprender lo que el fado es hoy en día. Él fue uno de los primeros fadistas en preocuparse por su imagen y su indumentaria, fue él quien puso de moda la costumbre de cantar a media luz, de pie ante los músicos que lo acompañaban, creando así una atmósfera más intimista, casi mística. De esta manera, Marceneiro se destacó por promover la profesionalización del medio fadista, compuesto hasta su aparición mayoritariamente por cantantes aficionados. A pesar de que su voz, un tanto ronca y tenue pero marcada por un sutil dramatismo, nunca se caracterizó por su potencia ni por su versatilidad, Marceneiro fue capaz de crear un estilo propio inmediatamente reconocible que influyó en la mayor parte de los fadistas que le siguieron. Como él mismo decía, “no es la voz lo que más interesa en el fado, sino saber recitar bien, dividir los versos y marcarlos con intención” (1).

Sin embargo, el primer amor de Alfredo Marceneiro no fue la música, sino el teatro. Nacido en 1891 en la parroquia de Santa Isabel, en Lisboa, adonde sus padres se había mudado en busca de mejores perspectivas laborales y económicas, el pequeño Alfredo pronto mostró interés por el teatro, actividad que acabaría por abandonar en favor de la música. El también fadista Júlio Janota lo animó a que aprendiese el oficio de ebanista arguyendo que de este modo podría tener más tiempo libre para dedicarlo al fado. En esta época, a principios del siglo XX, era muy común que los fadistas fuesen conocidos por motes: Alfredo adoptó el de marceneiro en referencia a su profesión, un sobrenombre que jamás abandonaría y que ya es sinónimo de fado. Desde un principio resultó evidente que Marceneiro poseía el don de la improvisación y su fama como cantante y compositor pronto le granjeó un contrato de grabación. Los discos de pizarra que registró para el sello Valentim de Carvalho allá por 1930 son hoy en día piezas de museo codiciadas por los coleccionistas (2).



A pesar de la gran calidad de todas las grabaciones que realizó a lo largo de los años, Marceneiro nunca concedió demasiada importancia a sus discos, que, por supuesto, fueron siempre muy bien recibidos por la crítica y por el público. Él entendía el fado más como algo que simplemente ocurría y que no podía ser capturado en todo su esplendor y complejidad en los surcos de un disco. Según él, para que el fado “acontecíese” era necesario el contacto directo con el público en las casas de fado lisboetas, donde se sentía a gusto entre sus amigos y admiradores. Entonces, cuando éstos le solicitaban que cantase “um fadinho”, Alfredo se ponía en pie y, con un aire de fingida seriedad en su rostro, desgranaba las letras de algunos de sus clásicos, haciendo las delicias de todos los presentes. Era allí, en el corazón de su querida Lisboa, donde más le gustaba cantar, y debido a su reticencia ante los vuelos transoceánicos, rechazó varias invitaciones para cantar fuera de Portugal, donde también tenía un gran número de seguidores. Eso sí, hacer la ronda de las diversas casas de fado de Lisboa se convirtió en una suerte de ritual con el que cumplió religiosamente casi hasta el día de su muerte.

Con el poeta João Linhares Barbosa y la fadista Berta Cardoso en O Faia en 1953.

Pero el enorme éxito de que Marceneiro disfrutó como intérprete no debe eclipsar su faceta de compositor. De hecho, la mayor parte de su repertorio estaba constituido por temas propios para los que algunos de los mejores poetas del fado, como Silva Tavares, João Linhares Barbosa, Armando Neves o Gabriel de Oliveira, escribieron magníficos versos. A dichas colaboraciones, que suelen alcanzan una perfecta conjunción de letra y melodía, se deben clásicos como “Há Festa na Mouraria”, “A Casa da Mariquinhas”, “Senhora do Monte”, “Eu Lembro-me de Ti” o “A Minha Freguesia”, en las que se celebran, entre otras cosas, lugares y tradiciones lisboetas y motivos típicos de la iconografía fadista. Todos estos temas son considerados hoy en día estándares del fado y se encuentran en el repertorio de todo fadista y guitarrista que se precie. Cuando Marceneiro los introdujo, solía estar acompañado por grandes instrumentistas, como Armandinho, Jaime Santos, Fontes Rocha o Raúl Nery, a quienes siempre consideró esenciales a la hora de crear el estilo que le caracterizaba.

La muerte se lo llevó en 1982, a los 91 años de edad, tras haber pasado sus últimos años en su Lisboa natal, rodeado de su familia, sus amigos y su mujer Judite, con quien llevaba conviviendo ya casi treinta años. Terminaba ahí la trayectoria vital de un hombre que dedicó su vida entera al fado y sin el cual el género quizá no habría evolucionado exactamente del modo en que lo hizo. Pero su legado es eterno, y tras una carrera verdaderamente ejemplar, su influencia se deja sentir prácticamente en todos los fadistas que le siguieron. Alfredo Marceneiro es, por derecho propio, el auténtico patriarca del fado.

Alfredo Marceneiro cantando en una casa de fado.

Enlaces de interés

En AlfredoMarceneiro.com y Fadocravo - Alfredo Marceneiro: A Viela encontraréis más información en portugués sobre Alfredo Marceneiro, con videos, fotografías y letras. El blog Lisboa no Guinness, dirigido por Vítor Duarte, nieto de Marceneiro, también contiene una gran cantidad de información sobre la vida y la carrera de su abuelo.

Notas

(1) Eduardo Sucena. Lisboa, o fado e os fadistas. Lisboa: Edições Vega, 1992: 240.

(2) Algunas de estas pioneras grabaciones están recogidas en el CD Fado: Lisboa – Coimbra 1926-1941 (Frémeaux & Associés, 2003), que también incluye interesantes notas en francés e inglés.