jueves, 11 de junio de 2009

ALFREDO MARCENEIRO

Por Antón García-Fernández.



No podía iniciar Guitarras de Lisboa sin homenajear al que, sin duda, es mi fadista favorito: Alfredo Duarte, conocido como Marceneiro debido a su profesión de ebanista que durante años conjugó con su devoción por el fado. Marceneiro no es únicamente una leyenda del fado, sino que es una figura imprescindible al analizar la evolución del género durante el siglo XX, así como para poder comprender lo que el fado es hoy en día. Él fue uno de los primeros fadistas en preocuparse por su imagen y su indumentaria, fue él quien puso de moda la costumbre de cantar a media luz, de pie ante los músicos que lo acompañaban, creando así una atmósfera más intimista, casi mística. De esta manera, Marceneiro se destacó por promover la profesionalización del medio fadista, compuesto hasta su aparición mayoritariamente por cantantes aficionados. A pesar de que su voz, un tanto ronca y tenue pero marcada por un sutil dramatismo, nunca se caracterizó por su potencia ni por su versatilidad, Marceneiro fue capaz de crear un estilo propio inmediatamente reconocible que influyó en la mayor parte de los fadistas que le siguieron. Como él mismo decía, “no es la voz lo que más interesa en el fado, sino saber recitar bien, dividir los versos y marcarlos con intención” (1).

Sin embargo, el primer amor de Alfredo Marceneiro no fue la música, sino el teatro. Nacido en 1891 en la parroquia de Santa Isabel, en Lisboa, adonde sus padres se había mudado en busca de mejores perspectivas laborales y económicas, el pequeño Alfredo pronto mostró interés por el teatro, actividad que acabaría por abandonar en favor de la música. El también fadista Júlio Janota lo animó a que aprendiese el oficio de ebanista arguyendo que de este modo podría tener más tiempo libre para dedicarlo al fado. En esta época, a principios del siglo XX, era muy común que los fadistas fuesen conocidos por motes: Alfredo adoptó el de marceneiro en referencia a su profesión, un sobrenombre que jamás abandonaría y que ya es sinónimo de fado. Desde un principio resultó evidente que Marceneiro poseía el don de la improvisación y su fama como cantante y compositor pronto le granjeó un contrato de grabación. Los discos de pizarra que registró para el sello Valentim de Carvalho allá por 1930 son hoy en día piezas de museo codiciadas por los coleccionistas (2).



A pesar de la gran calidad de todas las grabaciones que realizó a lo largo de los años, Marceneiro nunca concedió demasiada importancia a sus discos, que, por supuesto, fueron siempre muy bien recibidos por la crítica y por el público. Él entendía el fado más como algo que simplemente ocurría y que no podía ser capturado en todo su esplendor y complejidad en los surcos de un disco. Según él, para que el fado “acontecíese” era necesario el contacto directo con el público en las casas de fado lisboetas, donde se sentía a gusto entre sus amigos y admiradores. Entonces, cuando éstos le solicitaban que cantase “um fadinho”, Alfredo se ponía en pie y, con un aire de fingida seriedad en su rostro, desgranaba las letras de algunos de sus clásicos, haciendo las delicias de todos los presentes. Era allí, en el corazón de su querida Lisboa, donde más le gustaba cantar, y debido a su reticencia ante los vuelos transoceánicos, rechazó varias invitaciones para cantar fuera de Portugal, donde también tenía un gran número de seguidores. Eso sí, hacer la ronda de las diversas casas de fado de Lisboa se convirtió en una suerte de ritual con el que cumplió religiosamente casi hasta el día de su muerte.

Con el poeta João Linhares Barbosa y la fadista Berta Cardoso en O Faia en 1953.

Pero el enorme éxito de que Marceneiro disfrutó como intérprete no debe eclipsar su faceta de compositor. De hecho, la mayor parte de su repertorio estaba constituido por temas propios para los que algunos de los mejores poetas del fado, como Silva Tavares, João Linhares Barbosa, Armando Neves o Gabriel de Oliveira, escribieron magníficos versos. A dichas colaboraciones, que suelen alcanzan una perfecta conjunción de letra y melodía, se deben clásicos como “Há Festa na Mouraria”, “A Casa da Mariquinhas”, “Senhora do Monte”, “Eu Lembro-me de Ti” o “A Minha Freguesia”, en las que se celebran, entre otras cosas, lugares y tradiciones lisboetas y motivos típicos de la iconografía fadista. Todos estos temas son considerados hoy en día estándares del fado y se encuentran en el repertorio de todo fadista y guitarrista que se precie. Cuando Marceneiro los introdujo, solía estar acompañado por grandes instrumentistas, como Armandinho, Jaime Santos, Fontes Rocha o Raúl Nery, a quienes siempre consideró esenciales a la hora de crear el estilo que le caracterizaba.

La muerte se lo llevó en 1982, a los 91 años de edad, tras haber pasado sus últimos años en su Lisboa natal, rodeado de su familia, sus amigos y su mujer Judite, con quien llevaba conviviendo ya casi treinta años. Terminaba ahí la trayectoria vital de un hombre que dedicó su vida entera al fado y sin el cual el género quizá no habría evolucionado exactamente del modo en que lo hizo. Pero su legado es eterno, y tras una carrera verdaderamente ejemplar, su influencia se deja sentir prácticamente en todos los fadistas que le siguieron. Alfredo Marceneiro es, por derecho propio, el auténtico patriarca del fado.

Alfredo Marceneiro cantando en una casa de fado.

Enlaces de interés

En AlfredoMarceneiro.com y Fadocravo - Alfredo Marceneiro: A Viela encontraréis más información en portugués sobre Alfredo Marceneiro, con videos, fotografías y letras. El blog Lisboa no Guinness, dirigido por Vítor Duarte, nieto de Marceneiro, también contiene una gran cantidad de información sobre la vida y la carrera de su abuelo.

Notas

(1) Eduardo Sucena. Lisboa, o fado e os fadistas. Lisboa: Edições Vega, 1992: 240.

(2) Algunas de estas pioneras grabaciones están recogidas en el CD Fado: Lisboa – Coimbra 1926-1941 (Frémeaux & Associés, 2003), que también incluye interesantes notas en francés e inglés.

5 comentarios:

MLeiria dijo...

Belíssimo artigo sobre um dos responsáveis pela instituição do Fado, no séc. XX.
De facto, perfilho em absoluto a ideia expressa pelo Mestre Rui Martins Ferreira, no seu livro "Amália, A Divina Voz dos Poetas de Portugal" - dois nomes, dois marcos se impõe no Fado, antes de Amália: Alfredo Marceneiro(1890-1982) e Berta Cardoso (1911-1997). A estes dois geniais fadistas, eu acrescentaria o nome de J. Linhares Barbosa, não só pela sua obra poética, que lhe valeu até o epíteto de "Príncipe dos Poetas", mas igualmente pela obra jornalística que deixou e que constitui seguramente, ao lado de outras congéneres, uma das mais críveis fontes para a História do fado que se fizer...
Assim, em minha modesta opinião, acertou em cheio o meu amigo, ao ter incluído, neste seu artigo, essa foto histórica que representa os três pilares do Fado!
Obrigada pela ligação ao meu blog. Espero que o vídeo seja digno do homenageado.
Saudações fadistas!

Anton Garcia-Fernandez dijo...

Minha cara Ofélia:

Muito obrigado pela sua mensagem. Alegra-me que gostasse do artigo sobre o Marceneiro. Não conheço o livro do Martins Ferreira, mas já o pedi na biblioteca da Vanderbilt University e espero que possam trazê-lo porque estou seguro que será muito interessante.

Concordo com você em que o Marceneiro, a Berta e o Linhares Barbosa são três nomes essenciais na historia do fado. Sem eles, o fado provávelmente teria evoluido dum jeito bem diferente. Acho que às vezes o Linhares Barbosa não recebe todos os elógios que deveria. Não conheço bem a sua obra jornalística, mas como poeta ele é, sem dúvida, o Príncipe dos Poetas, autor de textos duma qualidade sempre excelente.

Também tem você razão no que me disse no seu correio electrónico: há muitas mais gravações disponíveis do Marceneiro do que da Berta, e essa é uma situação a que alguém deveria pôr fim publicando gravações da Berta em CD, pois não há muitas...

Um abraço fadista dos Estados Unidos,

Antón.

Américo dijo...

Caro Anton. antes de mais um abraço para vós e para o dia 18, vos desejo a maior felicidade possivel. Quanto a Alfredo Marceneiro, todo o artigo e trabalho és precioso, muito bem elaborado, de Alfredo Marceneiro não tenho feito nada, porque há imenso trabalho feito dele, e assim me ddedico mais a outros também de muito valor, mas mais esquecidos, como por exemplo seu filho, que acabo de editar um vídeo com a intenção de o trazer à recordação dos amntes do Fado. Um grande abraço o Obrigado como Português fico eternamente grato pelo teu trabalho. Américo

Anton Garcia-Fernandez dijo...

Meu caro amigo Américo:

Alegra-me que gostasse do artigo sobre o Alfredo Marceneiro. Acho que tem você razão: já há muito trabalho feito sobre o grande patriarca, mas ele é um dos meus fadistas favoritos e por isso queria começar o blog fazendo-lhe uma pequena homenagem. Além disso, infelizmente não há muita informação sobre ele—ou qualquer outro fadista ou cantadeira—em espanhol...

Concordo com você em que há muitos fadistas esquecidos que deveriam ser trazidos à recordação, e essa é uma das intenções deste blog também: fazer algo como o que você e a amiga Ofélia tão bem fazem nos seus blogs.

Muito obrigado também pelos bons desejos para o casamento. A Erin e eu estamos muito emocionados com o casamento e estamos já a contar os dias que faltam para o grande dia...

Um abraço fadista dos Estados Unidos do seu amigo,

Antón.

Okawa Ryuko dijo...

Realmente, a sua dedicação ao Fado é notável! Mas, afinal, é um nosso irmão de Vigo!
Nunca é demais falar of the one and only Alfredo Marceneiro!

Okawa Ryuko