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miércoles, 29 de junio de 2011

SESIONES DE FADO EN MADRID: LAS HISTÓRICAS GRABACIONES DE ERCÍLIA COSTA CON ARMANDINHO EN 1930


Por Antón García-Fernández

Cierto día del año 1930 llegó a Madrid un contingente fadista procedente de Lisboa y compuesto por los cantantes Joaquim Campos, Berta Cardoso, Cecília d’Almeida y Ercília Costa, todos ellos rutilantes estrellas de famoso Café Luso. Junto a ellos viajaban Armandinho y João Fernandes, dos nombres legendarios de la guitarra portuguesa, así como el violista Georgino de Sousa, y el objetivo de su viaje a la capital española era participar en una serie de sesiones de grabación para el sello Odeon. Dichas grabaciones constituyeron un notable éxito artístico y de ventas tras ser sacadas a la luz pocos meses después, pero desde entonces, la mayor parte de ellas han sido relegadas al olvido. Por fortuna, la discográfica Tradisom ha reeditado en formato CD algunas de ellas, rescatándolas así de la oscuridad en la que se hallaban sumidas y presentándolas a toda una nueva generación de aficionados al fado. Nos ocuparemos en esta reseña de los registros contenidos en el sexto volumen de la serie Arquivos do Fado, publicado en 1996 y dedicado a fados interpretados en esas históricas sesiones madrileñas por la cantadeira Ercília Costa, a quien se unen Berta Cardoso, Joaquim Campos y el Dr. António Menano en algunas de las piezas.


Por las fechas en que tuvieron lugar las sesiones de las que se extrae el material que compone esta recopilación, Ercília Costa gozaba ya de una notable popularidad en el medio fadista de Lisboa, habiendo aparecido en locales importantes como el Retiro Ferro de Engomar o el ya mencionado Café Luso. Su manera de cantar, con una expresión seria en su rostro y las manos entrelazadas como si estuviese rezando, le habían granjeado el sobrenombre de “Santa del Fado” y ya había grabado un par de discos para compañías como Columbia y Brunswick. Nacida en 1902 en la Costa da Caparica, una pequeña población de pescadores, Ercília siempre mostró interés por la música, una actividad que le ayudaba a sobrellevar los quehaceres diarios y que pronto se convertiría en el centro de su vida. Poseedora de una belleza un tanto melancólica, Ercília demostró tener también un nada despreciable talento dramático que le abrió las puertas del teatro de revista portugués e incluso del cine. Viajó en varias ocasiones a Brasil, donde fue recibida con enorme calidez por el público: en 1936, una gira que realizó por tierras brasileñas obtuvo un éxito rotundo, lo cual acabaría por otorgar a su carrera una dimensión internacional poco común en aquellos primeros años del fado como negocio musical. Ercília cantó en París en 1937, y dos años después viajó a Nueva York para actuar junto a Carlos Ramos en el pabellón portugués de la Feria Mundial que allí se celebraba. Aprovechó su visita a Estados Unidos para atravesar el país y conocer Hollywood, y aunque parece que no llegó a participar en ninguna película, su voz cautivó a estrellas del cine y de la música como Cary Grant y Bing Crosby.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Ercília continuó su actividad artística con gran éxito en Lisboa, cantando de manera regular en el Café Luso y compartiendo allí escenario con los nombres más destacados del fado del momento, como Berta Cardoso, Alfredo Marceneiro, Joaquim Campos, Carlos Ramos y una jovencísima Amália Rodrigues. Es una verdadera lástima que no hayan sobrevivido (o al menos eso parece) registros sonoros de sus actuaciones en las casas de fado lisboetas, que a buen seguro nos permitirían comprobar el entusiasmo que sus apariciones en público suscitaban. Por el contrario, sí hay constancia de dos discos que grabó en Brasil durante una de sus visitas a dicho país una vez terminada la guerra. Pese a su amor por el fado y la atracción despertada por los escenarios, Ercília se retiró de la profesión artística en 1954, dedicándose por entero a su vida matrimonial y viviendo tranquilamente en su casa en la capital portuguesa. Si bien regrabó sus fados más famosos en 1972, jamás volvería a actuar de manera regular, falleciendo en 1986 en Lisboa, totalmente alejada ya de los teatros y las casas de fado.


Las 19 grabaciones contenidas en el CD de la serie Arquivos do Fado, todas ellas procedentes de las sesiones realizadas en Madrid en 1930, ilustran a la perfección las acertadas palabras que A. Victor Machado dedicó a Ercília en su libro Ídolos do Fado: “El fado tiene en Ercília Costa una de sus intérpretes más legítimas y fieles. . . . Ercília canta admirablemente todos los fados, dotándolos de un profundo sentimiento, escogiendo para cantar los versos más simples de la poesía popular, de esa poesía que ella sabe sentir y refleja como un espejo el alma del pueblo” (84-85). En efecto, la voz clara y melodiosa de Ercília desgrana con profundo sentimiento la alegría inherente en la letra de “O meu filho” y la tristeza presente en las estrofas de “Desilusão”, que describen el dolor de quien se ve obligado a abandonar su tierra natal. Pero tanto si se trata de alegría como de tristeza, Ercília transmite dicho sentimiento de una manera contenida, subrayando sutilmente aquellos versos y aquellas palabras que mejor expresan el mensaje y el tono de la canción.

En la recopilación encontramos el registro original en 78rpm del que se convirtió en el mayor éxito de la cantadeira, el “Fado de Lisboa”, que otros intérpretes grabaron bajo el título de “Lisboa, casta princesa” (1) en referencia al verso introductorio de la letra de A. Leal y R. Ferrão, poética personificación de Lisboa como una altiva dama: “Lisboa tão linda és / Que tens de rastos aos pés / A majestade do Tejo” (2). Otro de los cortes destacados es una versión del “Fado dois tons”, en la que, sobre la música de Alberto Costa Lima, Ercília canta una curiosa letra que trata de explicar los orígenes del fado remontándose al Génesis bíblico:

Foi quando Deus fez os sóis
As ilusões, as tristezas
Que entristeceu e depois
Fez as canções portuguesas

Quando Deus criou as rosas
Num paraíso encantado
Caiu uma e desfolhou-se
E dela nasceu o fado. (3)


Varios de los temas incluidos en la compilación se han convertido en clásicos del fado, como por ejemplo, la excelente interpretación del “Fado de Mouraria”, en el que Berta Cardoso y Joaquim Campos se unen a Ercília, creando una de las más magistrales versiones de esta pieza jamás preservadas en disco. El Dr. António Menano hace también su aparición en uno de los cortes, cantando junto con Ercília y Joaquim Campos el fado “A Desgarrada”, en el que cada uno de ellos interpreta dos estrofas respectivamente, acompañados por la guitarra portuguesa de Armandinho y la viola de Georgino de Sousa. Es precisamente este tema el que cierra un disco que deja constancia sonora de un capítulo de gran importancia en la historia del fado, en el cual el protagonismo vocal corresponde a Ercília Costa, quien, junto con Berta Cardoso y Adelina Fernandes, entre otras, fue una de las primeras cantadeiras cuya carrera en el fado traspasó las fronteras del mundo lusoparlante y adquirió proyección internacional. Y gracias a esta imprescindible reedición del sello Tradisom podemos hoy disfrutar de estas grabaciones históricas con la calidad de sonido que merecen y con unas notas a cargo de Paul Vernon, presentadas tanto en portugués como en inglés, que arrojan luz sobre la vida y la carrera de una de las voces femeninas más cautivadoras que el fado ha conocido.

Notas

(1) Una versión de este fado a cargo de Mariana Silva puede escucharse en el blog de Ofélia Pereira, Fadocravo, en el siguiente enlace.

(2) “Lisboa, tan hermosa eres / Que tienes postrada a tus pies / La majestad del Tajo”.

(3) “Cuando Dios hizo las estrellas / Las ilusiones y las tristezas / Se entristeció y entonces / Hizo las canciones portuguesas. / Cuando Dios creó las rosas / En un paraíso encantado / Una cayó y se deshojó / Y de ella nació el fado”.

Vídeos

ERCÍLIA COSTA – FADO DE LISBOA (editado en YouTube por Arhandjel88)



ERCÍLIA COSTA, JOAQUIM CAMPOS Y DR. ANTÓNIO MENANO – A DESGARRADA (editado en YouTube por Ti Maria Benta, quien dirige el muy recomendable blog Soldado do Fado)

domingo, 26 de junio de 2011

DOS DISCOS DE LA SERIE BIOGRAFIAS DO FADO: ALFREDO MARCENEIRO Y CARLOS RAMOS


Por Antón García-Fernández

En el año 1997, el sello EMI-Valentim de Carvalho publicó, bajo el título general de Biografias do Fado, una serie de recopilaciones dedicadas a algunas de las más grandes figuras de la historia del fado. Supervisados por el guitarrista José Pracana y con detalladas notas a cargo de Daniel Gouveia, estos discos son un ejemplo primoroso de reedición de antiguas grabaciones fadistas, con una muy buena calidad de sonido y la siempre encomiable intención de servir como biografías sonoras de la carrera del artista en cuestión. Desgraciadamente, la serie se encuentra ya descatalogada en la actualidad y no es fácil encontrar los varios volúmenes que la componen. En la presente reseña comentaré dos de estos discos—los dedicados a Alfredo Marceneiro y a Carlos Ramos—y próximamente publicaré una segunda reseña en la que me ocuparé de los discos dedicados a Fernando Farinha y a Max. Son éstos los únicos cuatro compactos de la serie que poseo en estos momentos, pero además de éstos, fueron editados también otros volúmenes que recogen grabaciones de Hermínia Silva, Lucília do Carmo, Maria Teresa de Noronha, Carlos Guedes de Amorim, Vicente da Câmara y Tony de Matos que espero, si la fortuna me lo permite, conseguir en el futuro.


Alfredo Marceneiro

Ya he escrito una semblanza de la vida y obra de Alfredo Duarte Marceneiro, fadista legendario donde los haya, en este blog, que puede leerse en el siguiente enlace, y pese a que las reediciones de su música no son muy numerosas, el volumen dedicado a él dentro de la serie Biografias do Fado es una introducción perfecta a su legado discográfico. El CD se inicia con dos grabaciones poco conocidas: la primera de ellas, “Olhos fatais”, extraída de un disco de 78rpm grabado en la década de los años 30, nos presenta a Marceneiro en una época temprana de su carrera discográfica, pero gran parte de los elementos típicos de su estilo ya están presentes en ella, incluso su tendencia a recitar algunos de los versos finales de la letra antes de terminar entonando el último. La letra de la segunda, “Louco”, se debe al gran poeta Henrique Rêgo, y uno de sus cuartetos, el que dice “O lenço que me ofertaste / Tinha um coração no meio / Quando ao nosso amor faltaste / Eu fui-me ao lenço e rasguei-o” (1), serviría posteriormente como mote para el tema “O lenço”, que también se encuentra en esta recopilación.


El disco incluye también una interpretación a dúo con Fernanda Maria del clásico “Bairros de Lisboa”, con letra de Carlos Conde, que data de 1959, además de varios de los títulos que siempre estarán ligados a la voz de Marceneiro, como “Lembro-me de ti”, “A casa da Mariquinhas”, “A minha freguesia”, “Há festa na Mouraria” o el “Fado balada”, entre otros. Se echa de menos, eso sí, la pieza “O Marceneiro”, que incluye la famosa definición de este fadista como “marceneiro no fado e no ofício” (2), pero en su lugar hallamos un par de temas grabados en directo en 1972 en la casa de fado O Arreda, en Cascais. Alfredo Marceneiro era un artista que entendía el fado como una forma de expresión musical que adquiría su plena expresividad al ser interpretada ante el público, por lo cual estas grabaciones en vivo poseen una importancia capital para comprender el universo musical de este fadista, que a sus 81 años no había perdido ni un ápice de su frescura y emotividad.

A lo largo de las 18 grabaciones que conforman el disco, Marceneiro está acompañado por músicos de la talla de Francisco Carvalhinho, Ilídio dos Santos o José Pracana a la guitarra portuguesa, y Martinho d’Assunção, Orlando Silva o José Inácio a la viola, que embellecen con su elegante acompañamiento unas grabaciones de cabecera para todo amante del fado de calidad.


Carlos Ramos

Con su voz cálida y un tanto ronca que a veces parece hablar más que cantar y que invariablemente evoca una casa de fado a media luz, Carlos Ramos solía cantar acompañándose a sí mismo a la guitarra portuguesa. De hecho, inició su carrera como instrumentista y sólo se decidió a cantar posteriormente, dedicándose entonces más al fado-canção que al fado tradicional, si bien grabó con éxito algunos temas de corte más tradicional como “Saudade”, “Teus olhos são passarinhos” o “Senhora do monte”, todos ellos incluidos en esta excelente recopilación. La popularidad de Ramos coincidió con los primeros pasos de la television en Portugal, y su prematura muerte en 1969 puso fin a la carrera estelar de un hombre sencillo cuyo estilo intimista y muy personal le aseguró un lugar entre los más importantes fadistas de Lisboa.

Su preferencia por el fado menos tradicional, compuesto específicamente para un intérprete determinado y con menor libertad para la improvisación, es evidente en este volumen de Biografias do Fado. Sin embargo, la mayor parte de las piezas grabadas por Ramos se han convertido en clásicos del género: es el caso de “Não venhas tarde”, “O fado de ser fadista” o “Canto o fado”, esta última escrita por João Nobre para un espectáculo de revista a la portuguesa. El clásico “Vielas de Alfama”, tema por siempre ligado al fadista Max que contiene una hermosa letra a cargo de Artur Ribeiro, funciona a la perfección en el tratamiento intimista de Ramos, que en las acertadas palabras de Daniel Gouveia en las notas del CD, solía “hablar cantando o cantaba hablando”.


Esto se pone de manifiesto especialmente en esas dos verdaderas joyas, también de la prolífica pluma de Artur Ribeiro, que son “Adeus Mouraria” y “Maria da Graça” que, pese a no haber sido recibidas con demasiado entusiasmo cuando fueron editadas originalmente, merecen mayor atención de la que han obtenido. Este volumen de la serie Biografias do Fado, en el que brillan también las guitarras de Raúl Nery, Francisco Carvalhinho o Jaime Santos y las violas de Martinho d’Assunção o Santos Moreira, es, sin duda, el lugar perfecto para quienes deseen entrar en contacto con la obra de uno de los más grandes—y en ocasiones más infravalorados—fadistas de la historia.

Notas

(1) “El pañuelo que me regalaste / Tenía un corazón en el medio / Cuando a nuestro amor faltaste / Yo cogí el pañuelo y lo rasgué”.

(2) “Carpintero en el fado y de profesión”. Recordemos que “marceneiro” significa “carpintero” en portugués, y así, el nombre artístico de Alfredo Duarte hace referencia a la profesión que desempeñaba antes de decidir dedicarse por entero a su carrera como fadista.

Enlaces

Para más información sobre Alfredo Marceneiro, visitad el blog Alfredo Marceneiro é só fado, dirigido por Vítor Marceneiro, el nieto del fadista.

En el blog Fadocravo, confeccionado por mi amiga Ofélia Pereira, podéis encontrar más información sobre Carlos Ramos y escuchar su interpretación del fado “Oração à Nazaré”.

Vídeos

ALFREDO MARCENEIRO – “AMOR ZAGAL” (editado por party094712 en YouTube)



CARLOS RAMOS – “NÃO VENHAS TARDE” (editado por GalaicoBorges en YouTube)

martes, 13 de julio de 2010

JOAQUIM CORDEIRO

Por Antón García-Fernández



Uno de los subgéneros del fado que, por desgracia, han ido quedando paulatinamente relegados al olvido es el llamado fado jocoso o humorístico. Al igual que ocurre con el fado improvisado, cada vez son menos los intérpretes que utilizan el fado como vehículo humorístico para la sátira y la crítica social. Sin embargo, dentro del grupo de artistas que conforman la velha guarda, es decir, los fadistas legendarios que dieron esplendor al género en las primeras décadas del siglo XX, ésta era una práctica mucho más común. Y Joaquim Cordeiro se cuenta entre los mayores exponentes de esta vertiente del fado. Así, Eduardo Sucena lo incluye en la lista de los fadistas más importantes de los años 40 que ofrece en su obra Lisboa, o fado e os fadistas, especificando que era conocido sobre todo como cantante cómico (1).

Pese a ello, Cordeiro inició su carrera en el Algarve, en el sur de Portugal, como intérprete de baladas sentimentales que nada tenían que ver con el estilo vocal que hoy asociamos con él. En la década de los 40 se estableció en Lisboa, y fue en la capital donde decidió dar rienda suelta a su talento para la comedia, consagrándose como uno de los mejores fadistas jocosos y llegando a actuar en prestigiosos escenarios como el Retiro dos Marialvas y el Café Latino. El repertorio de Cordeiro, lleno de letras divertidas e ingeniosas, no constituía realmente una parodia del fado como género, sino que explotaba el aspecto cómico de su personalidad y, en ocasiones, dejaba caer comentarios satíricos sobre la realidad social de su tiempo.



El legado discográfico de Cordeiro es más bien reducido, y en la actualidad, solamente está disponible en CD una recopilación editada dentro de la serie Fados do Fado (Movieplay, 1998) que incluye grabaciones realizadas entre 1960 y 1982 para los sellos especializados Marfer y Riso e Ritmo. Todas ellas son ejemplos perfectos del estilo desenfadado de Cordeiro, que dedicó gran parte de su producción fonográfica a registrar versiones humorísticas de algunos de los fados más populares. Así, en la voz ruda y ruidosa de Cordeiro, el éxito de Amália Rodrigues "Uma Casa Portuguesa" se convierte en "Casa Bera", y "Estranha Forma de Vida", otro tema asociado con Amália aunque compuesto por Fernando Farinha y Alfredo Marceneiro, deviene "Estranha Vida do Diabo". El aire jocoso de la letra de ambas piezas ya se intuye en los títulos: en "Zé Caloteiro", Cordeiro transforma el popular "Fado do Cacilheiro", de Carlos Dias, en una canción satírica sobre un personaje que rehúye el trabajo. Ésta es una temática que parece interesar especialmente a Cordeiro, que vuelve sobre ella en "Trabalho Vai-te Embora", revisión cómica de "Saudade Vai-te Embora", uno de los éxitos de Tony de Matos. De hecho, el fado jocoso de Cordeiro se apropia también de composiciones procedentes del ámbito de la canción ligera portuguesa, como es el caso de "Ó Rita Volta p'ra Casa", reescritura en tono de comedia de otro de los grandes temas de Tony de Matos, "Ó Tempo Volta para Trás".

En definitiva, se trata de un disco que sirve como una introducción muy válida a la música de Joaquim Cordeiro, uno de esos artistas que hoy en día se encuentran injustamente sumidos en la oscuridad a pesar de haber disfrutado de una carrera larga y muy digna. Su voz, a veces tosca y poco pulida, quizá no sea de las más cálidas y de fácil escucha de la historia del fado, pero transmite una energía desbordante y nos transporta a una época en la que la comedia y la sátira formaban parte integral de esta música. Y en ese terreno, elevándose atronadora sobre los acompañamientos de músicos legendarios como António Chainho y Carlos Gonçalves, la voz de Cordeiro es una voz esencial.



Notas

(1) Eduardo Sucena. Lisboa, o fado e os fadistas. Lisboa: Edições Vega, 1992: 195.

Enlaces

Para más información en portugués sobre Joaquim Cordeiro, visitad este enlace a la página web de mi amiga lisboeta Ofélia Pereira, donde también encontraréis un excelente vídeo en el que Cordeiro interpreta "Zé Caloteiro", su versión jocosa del popular "Fado do Cacilheiro".

lunes, 15 de marzo de 2010

AMÁLIA NO CAFÉ LUSO: FADO EN UN CONTEXTO ÍNTIMO

Por Antón García-Fernández.


El pasado año se cumplió la primera década desde el fallecimiento de Amália Rodrigues en octubre de 1999, efeméride que, lógicamente, no pasó desapercibida y que fue conmemorada por multitud de actos y exposiciones que celebraron la larga y laureada carrera de la gran fadista, cuya imagen se ha convertido en un icono del fado, hasta tal punto que existe una relación casi metonímica entre Amália y este género musical. Así, podemos decir que existen aficionados al fado y admiradores de Amália Rodrigues, sin que una cosa necesariamente implique la otra. Mientras es obvio que todo amante del fado que se tome en serio esta música no puede ni debe eludir la figura amaliana en todas sus facetas—intérprete, actriz, compositora, embajadora del género y un gran etcétera—, no siempre es posible afirmar lo contrario: en la actualidad, incluso tras su muerte, el nombre de Amália ha adquirido tal proporción que se ha convertido en sinónimo de fado, por lo que una gran parte del público, al oír hablar de fado, relaciona el estilo únicamente con este nombre. En cierto modo, es algo que el letrista Frederico Valério ya predijo en su poema de fado titulado "Fado Amália", una letra en la que glorifica la imagen popular de la fadista:

Amália
Quiso Dios que fuese mi nombre
Amália
Lo encuentro un tanto gracioso
Tan nuestro y popular
Cuando oigo a alguien gritar
Amália
Cántame un fado
Amália
Esta palabra me enseñó
Que en la vida tienes que amar

Fados como éste, escritos a mayor gloria de un fadista, siempre conllevan una suerte de ventriloquismo por cuanto el poeta suele celebrar la obra o la imagen del intérprete a través de la voz del propio fadista. A través de estos versos, Frederico Valério no deja duda alguna de la enorme popularidad de que Amália Rodrigues disfrutó en vida, reconocimiento que no ha decaído tras su fallecimiento, sino que, si cabe, se ha magnificado todavía más. Y con razón, por cierto, pues Amália no es solamente uno de los nombres más relevantes dentro del universo fadista, sino más bien de la música del siglo XX en general.


Dicho esto, se me ocurre una pregunta: si Amália se ha convertido en sinónimo de fado y su obra ha merecido el reconocimiento clamoroso del público, ¿por qué no ha ocurrido lo mismo con otros fadistas y otras cantadeiras que, como ella, nos han legado una obra de excepcional calidad? ¿No es posible que quienes aprecian la música de Amália puedan disfrutar asimismo de las grabaciones realizadas por otras artistas como Berta Cardoso, Hermínia Silva, Maria Teresa de Noronha, Argentina Santos o Lucília do Carmo? Y digo éstas por poner sólo unos cuantos ejemplos femeninos, pues la lista sería larguísima si quisiera incluir todos los nombres que en ella podrían figurar. La cuestión no resulta sencilla de resolver, pero podríamos iniciar nuestro acercamiento a la misma considerando el papel de las instituciones culturales que promueven el fado, tanto en Portugal como en el exterior. En muchos casos, si el público gusta de la música de Amália es porque, de alguna manera, ha sido expuesto a ella: de lo contrario, sería difícil que la apreciase o siquiera que la conociese. Si, entre todos aquellos que amamos el fado, contribuyésemos a un mayor conocimiento del legado musical y cultural que los grandes nombres de la historia del género nos han dejado, es muy probable que aquellas personas que se cuentan entre los admiradores de Amália pudiesen disfrutar de la obra de otras cantadeiras menos conocidas. Pero eso es algo que requiere trabajo, tiempo y medios, es algo que pasa por publicitar el fado de una manera seria y profesional, dando la oportunidad a quien no lo conoce de entrar en contacto con él. Es posible que esto suene evidente, pero en mi opinión, es algo que siempre conviene recordar.

Amália no Café Luso
Escribir sobre Amália Rodrigues suele resultar, generalmente, un ejercicio en el arte de la paráfrasis, pues tanto se ha escrito y dicho sobre ella que, cualquier cosa que uno escriba, cualquier adjetivo que se aplique a su figura o a su voz, acabará por sonar a tópico o lugar común. No es mi intención aquí revisitar viejos tópicos, sino más bien realizar un viaje a un pasado no muy lejano, posibilitado por una serie de grabaciones en directo editadas originalmente en vinilo en 1976 bajo el título de Amália no Café Luso y, afortunadamente, reeditadas en formato CD en 2007. Dichas grabaciones, realizadas en diciembre de 1955, nos presentan a una leyenda actuando en un lugar legendario. El Café Luso, ya en la época una de las casas de fado con mayor tradición, es el escenario perfecto para recibir a una Amália joven y llena de vitalidad que canta frente a un público silencioso, respetuoso y totalmente entregado a su arte.


Previamente a esta serie de apariciones inmortalizadas en estos registros sonoros, Amália había cimentado su renombre sobre las tablas, mediante grabaciones fonográficas de gran éxito e incluso a través de sus papeles en producciones cinematográficas como Capas negras o Fado: História d'uma cantadeira, ambas películas de 1947. Su fama se había extendido ya más allá de Portugal, con conciertos aplaudidos por el público en varias ciudades de Europa y América y con ediciones discográficas en Estados Unidos. Los temas incluidos en su elepé en vivo en el Café Luso nos presentan a una Amália en un contexto más íntimo, más cercano, desgranando lo mejor de su repertorio en el corazón de Lisboa. El disco nos transporta a otra época y nos acerca al ambiente de las casas de fado lisboetas en los años 50, haciéndonos lamentar, eso sí, que estas interpretaciones no hayan sido filmadas para la posteridad. Podemos escuchar el murmullo de la audiencia antes de que Amália empiece a cantar, aguardando impacientemente a que Filipe Pinto termine la presentación que siempre precede a cada fado, bullicio que se transforma en silencio total una vez que Domingo Camarinhas, a la guitarra portuguesa, y Santos Moreira, a la guitarra española, introducen la melodía que dará paso a la voz de Amália.

El acompañamiento se acerca a la perfección, embelleciendo cada tema pero sin entrar en conflicto con la voz, esa voz de Amália que exprime al máximo todos los recovecos líricos de cada fado, conteniendo la emoción cuando la letra lo requiere y llenando con su potencia todo el café cuando su intuición interpretativa se lo dicta, pero siempre exuberante de energía y dramatismo. La rareza del disco es extrema debido a que en los años 50 no era todavía muy común que los equipos de grabación traspasasen las fronteras de las casas de fado, donde el público exigía que los fadistas cantasen à maneira antiga, sin ayuda de micrófono; de hecho, los micrófonos que se instalaron en el escenario no se utilizaron para amplificar la voz de Amália, sino únicamente para recoger su voz y la música en el disco, y estaban localizados a una distancia prudencial tanto de los músicos como de la cantadeira. En cuanto al repertorio elegido, como es de esperar, reúne temas cuyas versiones de estudio Amália acababa de editar por aquellos años y otros, como "Fado Mayer", "Lá porque tens cinco pedras", "Sabe-se lá" y "O marujo português", que son auténticos clásicos fadistas. Las notas interiores, que contienen multitud de fotografías e incluso la reproducción de una carta escrita por el poeta José Carlos Ary dos Santos a Amália, ayudan a comprender el contexto en el que fueron realizadas unas grabaciones que son joyas dentro de una discografía imponente y llena de puntos álgidos.

Enlaces

Si queréis escuchar dos de los fados que integran el disco Amália no Café Luso, visitad los siguientes enlaces:

Amália Rodrigues no Café Luso - Fado Mayer
Amália Rodrigues no Café Luso - Fado da Bica

viernes, 26 de febrero de 2010

DEZ FADOS VIVIDOS: CARLOS DO CARMO Y EL FADO

Por Antón García-Fernández.

Dez fados vividos, grabado en 1978 por Carlos do Carmo, es uno de los primeros discos de fado que recuerdo haber escuchado, y me impresionó por la calidez de la voz y la elegancia del acompañamiento. En este artículo repaso dicho álbum y ofrezco una sucinta mirada a la ya dilatada carrera de uno de esos fadistas que, cuando se dedican realmente a interpretar fado, tienen la capacidad de emocionarnos.



Salvando las distancias existentes entre ambos por la divergencia de sus cometidos artísticos, podríamos tal vez comparar a Carlos do Carmo con Woody Allen: los dos son referencias ineludibles en sus respectivos campos y ninguno de ellos deja indiferente a la audiencia que entra en contacto con su obra. No es mi intención aquí entrar a valorar la polémica que, especialmente en Portugal, sacudió al medio fadista tras la concesión a do Carmo del Goya a la mejor canción original por la película Fados, dirigida por Carlos Saura, pero aún así, es innegable que, a lo largo de su carrera, Carlos do Carmo ha ganado incontables admiradores, pero también un buen número de detractores. Estos últimos le reprochan especialmente sus coqueteos con la música ligera, sus grabaciones en las que está acompañado por orquesta y algún que otro disco en inglés que poco tiene que ver con el sonido del fado tradicional. Lo que ocurre es que, en mi opinión, pese a que es indudablemente un nombre importante en la escena fadista de la segunda mitad del siglo XX, sería erróneo etiquetar a Carlos do Carmo como un fadista tradicional.

Sí, es cierto que el amor por el fado le viene de familia, pues su madre, Lucília do Carmo, está considerada como una de las más reputadas cantadeiras de la historia, pero ya desde su juventud, do Carmo demostró que su gusto musical es francamente ecléctico y que no se limita al fado más castizo. Así, en su música podemos escuchar ecos de la elegancia vocal de Frank Sinatra, la carga dramática de Jacques Brel o la interesante unión de poesía y música que caracterizó a cantautores españoles de los años 60 y 70 como Joan Manuel Serrat, algunas de cuyas canciones adaptó al portugués.

De hecho, en un principio no parecía que Carlos do Carmo estuviese destinado a seguir los pasos de su madre. Nacido en Lisboa en 1939 con el nombre de Carlos Manuel de Ascenção Almeida, vivió varios años en Suiza, donde estudió gestión de hoteles con la intención de entrar en el mundo de los negocios. Todo esto cambió a su regreso a la capital portuguesa, donde comenzó a gestionar la casa de fados de sus padres y a cantar de manera informal, lo cual acabaría llevándole a iniciar una carrera profesional en el mundo del fado y a adoptar el apellido materno como parte de su nombre artístico. En 1963 grabó un EP de cuatro canciones para el sello Valentim de Carvalho, el primer título de una laureada carrera discográfica que continúa en la actualidad. Este primer disco incluye un tema titulado "Twist desconjuntado" y muestra ya el eclecticismo que sería la nota predominante en su producción musical.

El fado, sin embargo, siempre fue una constante en su música: si bien diversificó sus intereses musicales, jamás lo abandonó, regresando a él de manera continua y entendiéndolo muchas veces como un instrumento de crítica social, especialmente durante los delicados momentos políticos que Portugal vivió en la década de los setenta. La televisión fue un medio que Carlos do Carmo supo explotar sabiamente como vehículo para la popularización de su figura. Así, en 1976, fue el intérprete elegido por la radiotelevisión portuguesa para cantar todos los temas seleccionados para representar a Portugal en el Festival de Eurovisión. La canción ganadora, "Uma flor de verde pinho", compuesta por José Niza y Manuel Alegre, se convirtió en uno de sus mayores éxitos, una larga lista en la que también figuran títulos como "Por morrer uma andorinha", "Os putos", "Bairro Alto", "Canoas do Tejo" o "Lisboa, menina e moça".



Junto con Amália Rodrigues, Carlos do Carmo es uno de los mayores responsables de la internacionalización del fado en el último tercio del siglo XX: la popularidad de su música trasciende las fronteras de su Portugal natal, y a lo largo de las décadas ha llegado a cantar en algunos de los teatros más importantes de Europa, América y Asia. Sin embargo, cabe recordar que este fenómeno, que afectó de manera muy positiva a las carreras de Amália y de Carlos do Carmo (así como también a las de algunos de los nuevos valores del fado en la actualidad), no es en realidad ninguna novedad. Muchos de los grandes nombres de la historia del género, desde Berta Cardoso a Fernando Farinha, pasando por Maria Teresa de Noronha o incluso Adelina Fernandes en los albores del fado grabado, ya habían hecho giras por otros continentes, dando proyección internacional a sus carreras y al fado.



Dez fados vividos

Carlos do Carmo editó Dez fados vividos en 1978, un momento especialmente importante en su carrera. Dos años antes, en 1976, había participado en el Festival de Eurovisión con "Uma flor de verde pinho", además de emular a Amália Rodrigues grabando un EP junto al saxofonista Don Byas, un disco interesante aunque quizá no tan satisfactorio como el que surgió de la colaboración entre Byas y Amália. Además, en 1977, do Carmo había publicado Um homem na cidade, el que muchos críticos consideran su mejor trabajo: se trata de una suerte de álbum conceptual en el que interpreta exclusivamente letras de José Carlos Ary dos Santos y que incluye temas imperecederos como "O amarelo da carris", "O homem das castanhas", "Balada para uma velhinha" o la pieza ya clásica que da título al disco. Tras este hito en su legado discográfico, Carlos do Carmo decidió grabar un álbum cuyo contenido estuviese unido por el nexo común de un sonido fadista más tradicional, revisitando algunos de sus temas favoritos y ofreciendo interpretaciones definitivas de composiciones clásicas.



De acuerdo con esta idea, el acompañamiento se adecúa a una concepción del fado mucho más castiza que en otros trabajos de do Carmo: se trata de acompañar en el sentido estricto del término, ofreciendo un apoyo sonoro a la voz, pero ahorrando florituras, evitando estorbar a una voz que emerge cálida y cercana, llena de un sentimiento hábilmente contenido. El disco se abre con "Gaivota", todo un clásico normalmente asociado con Amália y compuesto por Alexandre O'Neill y Alain Oulman. Carlos do Carmo se enfrenta con elegancia a una letra trufada de fatalismo en la que destacan versos de gran sensibilidad poética:

Si al decir adiós a la vida
Todas las aves del cielo
Me diesen en la despedida
Tu última mirada
Esa mirada que era sólo tuya
Amor, que fuiste el primero

Qué perfecto corazón
Latiría en mi pecho
Mi amor en tu mano
Esa mano en que perfecto
Latió mi corazón.

Pese a no ser el primer fadista que la grabó, "Lisboa, menina e moça" constituyó uno de los mayores éxitos de la carrera de Carlos do Carmo, que interpreta con verdadera pasión una letra en la que Ary dos Santos retrata a Lisboa a través del cuerpo de una mujer, embellecida en esta versión por la agilidad del acompañamiento musical. "Partir é morrer un pouco", un tema que contrasta con el anterior por su carácter más melancólico y reflexivo, contiene algunos de los momentos de mayor introspección poética del disco, cortesía de Mascarenhas Barreto:

Vuela el dolor en pedazos
Como aves que no se cansan
Ilusiones esparcidas por el aire.
Partir es extender los brazos
Hacia los sueños que no se alcanzan
Y cuyo destino es quedarse

Quien muere no sufre más
Mas quien parte siente demasiado dolor
Y esto es bien peor que morir.



El fado más vivo y alegre, con guitarras que repican en alabanza de los festejos populares, regresa en "Bairro Alto", una inteligente oda al barrio lisboeta que Carlos Simões Neves y Francisco Carvalhinho personifican como participante de uno de los desfiles que recorren sus calles en esta canción que es, sin duda, la más propiamente castiça de todo el disco. Pero una vez más, el aire festivo de "Bairro Alto" da paso a la introspección de "Por morrer uma andorinha", una letra de Joaquim Frederico de Brito sobre el "Fado Vianinha" en la que la voz poética reflexiona sobre su posición tras la pérdida del amor:

Aunque dejaste de ser mía
Yo no dejé de ser quien era
Por morir una golondrina
No se acaba la primavera

Como ves, no he cambiado
Y ni siquiera estoy triste
Conservo el mismo presente
Y guardo el mismo pasado

Yo ya estaba habituado
A que no fueses sincera
Por eso ya no estoy a la espera
De una ilusión que no tenía
Si dejaste de ser mía
Yo no dejé de ser quien era

Vivo la vida como antes
No tengo ni menos ni más
Y los días pasan iguales
A los días que van distantes.

"Canoas do Tejo" es otra de las piezas que normalmente asociamos con la voz de Carlos do Carmo, otra escena lisboeta descrita por Joaquim Frederico de Brito mediante imágenes de gran belleza estética. Las dos primeras estrofas son ejemplares en la presentación de las canoas que surcan el Tajo a través de la personificación y la metáfora:

Canoa de vela erguida
Que vienes del muelle de la ribera
Gaviota que andas perdida
Sin encontrar compañera

El viento sopla en los bosques
El sol parece una fresa
Y el Tajo baila con las olas
Ensayando un fandango.

Joaquim Frederico de Brito también es autor de la letra de "Andorinhas", tema breve y de gran vivacidad que utiliza la melodía del "Fado Ginguinha" y que Carlos do Carmo interpreta con elegancia y una magnífica dicción. En "Vim para o fado", Júlio de Sousa nos ofrece su visión personal de lo que significa la vida del fadista, una visión un tanto idealizada pero de indudable efecto poético:

Vine al fado y me quedé
Soy la cuerda de una guitarra
La que más gime y solloza
Y en vez de vestir zamarra
Uso la sombra de una capa
Que me tapa y me destapa
Si mi cuerpo se desvanece

Si quieres saber de mí
Dónde me pierdo encontrado
Pregunta a los guardas de la noche
Pregunta a las puertas cerradas
Pregunta a las mujeres compradas
Por el fantasma del fado.

El disco se cierra con dos excelentes fados que do Carmo acomete con convicción: "Não se morre de saudade", escrito también por Júlio de Sousa junto a Alberto Simões Costa, y "Duas lágrimas de orvalho", una de las letras de Linhares Barbosa más apreciadas por Carlos do Carmo, con música de Pedro Rodrigues dos Santos. Estas dos composiciones, en las que la voz del fadista se eleva sin esfuerzo sobre un acompañamiento ligero y rebosante de clase, sirven para poner punto y final a un disco que constituye uno de los recorridos más satisfactorios por el fado más tradicional de toda la discografía de Carlos do Carmo.

Enlaces

Si queréis escuchar algunos de los fados que se mencionan en este artículo, visitad los siguientes enlaces:

Carlos do Carmo - Gaivota
Carlos do Carmo - Lisboa, menina e moça
Carlos do Carmo - Bairro Alto
Carlos do Carmo - Por morrer uma andorinha
Carlos do Carmo - Canoas do Tejo
Carlos do Carmo - Andorinhas

jueves, 27 de agosto de 2009

FADO LISBOA-COIMBRA 1926-1931: EL FADO EN LOS AÑOS DEL FONÓGRAFO

Por Antón García-Fernández.



Llevaba ya un par de meses sin publicar ningún artículo en Guitarras de Lisboa, debido principalmente a mi reciente matrimonio, que tuvo lugar el pasado 18 de julio en Nashville, pero llega hoy el momento de poner fin a este feliz período de inactividad fadista. Hace unos días recibí con gran alegría la noticia de que la pequeña discográfica portuguesa Tradisom, dedicada, entre otras cosas, a una reedición siempre muy cuidada de añejas grabaciones de fado, acaba de reunir en un CD los primeros registros sonoros realizados por Maria Alice a finales de los años veinte y principios de los treinta. Sobre esta agradable noticia podéis leer este magnífico artículo en portugués aparecido en el blog Soldado do Fado, que analiza el disco de manera pormenorizada. Esta reedición de la Tradisom me ha traído a la mente una recopilación doble del sello francés Frémeaux & Associés, titulada Fado: Lisboa-Coimbra 1926-1931, publicada en 1998, y me ha dado la oportunidad de desempolvarla y volver a escucharla.

Como su título claramente indica, se trata de una colección de grabaciones que se remontan a los albores de la industria fonográfica portuguesa, cuya actividad se encontraba en aquellos años en plena ebullición. Todos ellos son registros de gran importancia para poder comprender la gran riqueza del género ya en los primeros tiempos de su comercialización en forma de disco. Y, de hecho, una de las características más sorprendentes de esta recopilación, que no se centra únicamente en la tradición del fado lisboeta, sino que también vuelve la vista hacia Coimbra, es su marcada variedad estilística. Aquí se dan cita nombres consagrados como los guitarristas Armandinho y Artur Paredes, Alfredo Marceneiro, Maria Alice, Maria Emília Ferreira o Ermelinda Vitória, y otros menos conocidos pero no por ello menos interesantes, como Manuel de Lancastre, el dúo de Maria Mélia y Cardoso Pessoa, João do Carmo o Lucas Junot.

Maria Emília Ferreira, una de las artistas más populares de los años veinte y treinta dentro y fuera de Portugal.

El doble CD atesora, además, algunos cortes verdaderamente singulares, como dos excelentes instrumentales grabados en fecha desconocida por António Martins a la ocarina y titulados “Variações sobre o Fado” y “Fado Foguete de Lágrimas”, que prueban que, instrumentalmente, el fado no se circunscribía únicamente a las guitarras portuguesa y española ya en estos tiempos remotos. En este sentido, el semidesconocido dúo formado por Rico y Álex nos regala incluso dos fados interpretados a la concertina registrados en 1929. La versión de Alberto Ribeiro del clásico “Coimbra”, con acompañamiento de piano y procedente de la película Capas Negras, es otra de las pequeñas joyas de la recopilación.

Estructurado de manera más o menos cronológica, Fado: Lisboa-Coimbra 1926-1931 nos ofrece también la posibilidad de apreciar poco a poco la rápida evolución y transformación del fado en la era del fonógrafo, recogiendo incluso algún que otro tema de corte más folklórico, como el “Oralilolela” de los ya mencionados Mélia y Pessoa, y también una grabación que introduce un coro acompañando al fadista Salvador Freire. Tenemos aquí también las voces de grandes leyendas como el Dr. Edmundo de Bettencourt, José Porfírio, Adelina Fernandes, Madalena de Melo (miembro del excelente Grupo Artístico de Fados junto a Berta Cardoso y los instrumentistas Armandinho, João da Mata y Martinho d’Assunção) y el actor y cantante Estêvão da Silva Amarante, cuyo “Fado do Garoto dos Jornais” es una verdadera delicia.

La voz de barítono del actor Estêvão da Silva Amarante le granjeó un gran éxito no sólo sobre las tablas, sino también en el medio fonográfico.

La recopilación incluye también un libreto interior con un ensayo en francés e inglés sobre el fado que, pese a su evidente falta de profundidad, es un buen punto de inicio para quienes desean acercarse a estas grabaciones por primera vez. Eso sí, las notas biográficas incluidas se centran solamente en algunos de los fadistas que componen la colección, obviando a los menos conocidos, lo cual rebaja el interés del libreto. Sin embargo, no debemos olvidar que es a menudo complicado recabar información sobre esta época en particular de la historia fonográfica del fado, algo que se pone de manifiesto en las muy incompletas notas acerca de los músicos que participaron en estas sesiones y los años en que tuvieron lugar. Todo ello no opaca, empero, el indudable interés de esta recopilación para cualquier aficionado serio al fado: se trata, sin duda, de un excelente punto de inicio para profundizar en la fascinante historia del género.

José Porfírio, fadista de voz excepcional, conjugó su amor por el fado con los oficios de zapatero y chófer.